jueves, 29 de agosto de 2013

Nuevo poema (noche inédita)

En una noche inédita un par de golpes con la yema de tu índice derecho llamarán a la puerta y unos segundos congelarán tus latidos en mi garganta. Pensaré dos segundos más antes de ser poco menos que un suspiro. Al pararme sentiré mi pierna derecha adormecida y mi pierna izquierda detenida en estupor. Mi pierna derecha se inclinará hacia adelante y el peso de mi deseo izquierdo girará la manija de la puerta. Por una ranura ingresa la luz exterior artificial y mi artificial fantasía no puede sostenerme la mirada. Tus ojos no pueden verme, pero me miran y yo miro a la noche descolgarse del cielo. Siento tu olor porque estás con cada paso más cerca, pero no sé. No sé qué harás cuando no cueste nada tocarme, cuando tan dulce sea el contacto de mis manos en tu camisa que olvide tu piel y tan honda sea la entrada a tu paraíso que olvide pasar, pero tú no. Tú vas a meter las manos bajo toda tela y toda membrana, vas a imprimir en mi espalda el contorno de tu cuerpo y tan fuerte será la presión que mi corazón latirá en tu pecho, mi pecho llamará la atención de tus labios y mis labios en tu oído callarán. Es mentira. Tú abriste la puerta y antes de saludar me atosigaba de lujuria con la cara fundida en la incertidumbre de tus amores, en la certeza de tu imagen enmarañada de bellos en mi boca. La brevedad con la que te roso y te miro y te muerdo y te recuerdo me pasea por tu vientre. Me ensañas con tu órgano rotundo preso bajo los pliegues de tu dril humedecido. Desafío tu cinturón. El calor bajo la trama enciende mi lengua. Giro sobre el gemido de mi propio eje para extinguir una sed disimulada entre nuevos poemas y nuevas ocasiones de prolongar un poema como un deseo. Mi paladar atrapa en un beso tu pulso a lo largo de mi garganta y derrama el cielo nocturno que aprietas contra mi cuello. Aquella noche medio desnuda, tu cinturón ajusta las tallas del tiempo.